viernes, julio 14, 2006

Cuestión de absolutos

Gustave Flaubert mantuvo una nutridísima correspondencia con Louise Colet. Eran amantes. Los encuentros cara a cara fueron muy esporádicos, definitivamente hubo entre ellos más cantidad de cartas que "intercambio de fluidos", como dijera Woody Allen.

Gustave le comenta a Louise, a propósito de un viaje que hizo por Oriente, su única noche con una prestigiosa prostituta (bien digo, prestigiosa prostituta) egipcia llamada Ruchiouk-Hânem. El episodio lo cita Mario Vargas Llosa en La orgía perpetua. Además de aludir a sus encantos más "convencionales", Gustave menciona también los piojos que tenía la africana, cosa que a Louise le parece horrible. Conviven en la prostituta dos perfumes, dos perfiles que no llegan nunca a mezclarse. Gustave defiende su posición frente a Louise: "Je veux qu'il y ait une amertume à tout, un éternel coup de sifflet au milieu de nos triomphes, et que la désolation même soit dans l'enthousiasme." (1) Hace referencia luego a otro episodio donde él captaba el perfume de los limoneros en relación al olor de los cadáveres del cementerio. "Ne sens-tu pas combien cette poésie est complète, et que c'est la grande synthèse? Tous les appétits de l'imagination et de la pensée y sont assouvis à la fois; elle ne laisse rien derrière elle." (2)
Baudelaire estaba en esta línea, y fue capaz de dedicar un poema a una carroña, toda una revolución en sus tiempos.

Estas ideas me rondan en la cabeza desde hace muchos años. Esa dualidad ambigua, que a veces no tiene nada de ambigua en su manifestación, es bien precisa. Lo que hace que todo lo bueno tenga por fuerza una parte de malo. Y a la inversa, lo malo una parte de bueno, por más ínfima que sea. Rescato esa aclaración de que no se mezclan los dos universos, cohabitan en un mismo ser u objeto. Operan en un combate silencioso y son desde el punto de vista químico como el agua y el aceite.

Me parece que aprendemos de todo esto a medida que pasan los años. En los comienzos de la adolescencia (quizás antes, no sé) era una desilusión encontrarle un "defecto" a ese amigo entrañable. Costaba horrores entender esa "falla". Pero aceptarlo así era aceptarlo en su dimensión humana, con sus fuerzas y flaquezas. Ojo, no estoy hablando de tolerancia. El que tolera es porque en el fondo aguanta algo que no termina de convencerle. Hablo de aceptar en forma abierta; de decir "sí" y no "bueno".

Pensando en todo esto me viene la imagen de un durazno. Una cáscara (piel) tan suave al tacto que a esta altura debe haber agotado todas las canteras de metáforas y comparaciones que hay por ahí. Eliminada la cáscara, la fruta es perfumada, nutritiva y sabrosa. Saboreada la fruta, aparece oscuro y duro el carozo. Los británicos, para referirse a frutas como el durazno, le dicen flesh (carne) a la pulpa y stone (piedra) al carozo. Me acuerdo que el verano pasado dejé secar y guardé algunos carozos de durazno en un cuenco que dejé en la cocina. No sé bien por qué lo hice, me parecía que tenían algo de bueno, de lindo, tal vez los niños pudieran hacer un collage con ellos o un sellito ecológico provisto de unos cuantos agujeros con tinta de remolacha. Quizás se deba a un impulso muy instintivo: de la semilla/carozo de la fruta nace luego la planta. En esas formas pequeñas y sólidas está condensada toda la información requerida para la reproducción, para formar un nuevo ser.

El Dr. Jekyll y Mr Hyde convivían en un mismo hombre al punto de conformar un "extraño caso". Según mi recuerdo, Stevenson hace una presentación medio estelar de Mr Hyde en su primera aparición. Después irá acentuando su lado tenebroso y bestial. De la novela retengo también la explicación que figura hacia el final, donde se explican los vericuetos del misterio. En esa larga exposición está la clave que hace a lo extraño del caso: Edward Hyde era absolutamente malo, no había en él ni una pizca de bondad.



(1) "Quiero que haya una amargura en todo, siempre un silbato en medio de nuestros triunfos, y que la desolación misma esté en el entusiasmo."

(2) "¿No sientes hasta qué punto esta poesía es completa y es la gran síntesis? Todos los apetitos de la imaginación y del pensamiento se ven colmados a la vez, no deja nada tras de sí."

9 Comments:

At 7/14/2006 7:49 p. m., Blogger Ana said...

Creo que lo que más me costó es reconocerlo en mí misma. Quizá por eso me gustó tanto la pelicula Crash que mostraba como nadie era totalmente malo o bueno, sino muchas veces resutado de circunstancias.

 
At 7/15/2006 2:59 p. m., Blogger Ludmilla 1789 said...

Sí, es cierto Ana, reconocerlo en uno mismo cuesta.
Crash es una cuenta pendiente, voy muy poco al cine. Quizás hoy mismo pase por el videoclub a alquilarla. Gracias por recordármela.

 
At 7/15/2006 4:48 p. m., Blogger P. E. Rodríguez/R.Coll said...

Dios, qué frase: "et que la désolation même soit dans l'enthousiasme"

Tengo años queriendo leer esa correspondencia. Supongo que por puro vouyerista, claro.

Casi casi me puedo imaginar a Flaubet, tal como lo revive Vargas Llosa en la orgía..., escribiendo semejante melancolía frente al ventanal de su estudio enmarcado por el tránsito del Sena, los campos de Croisset y las breves colinas con Álamos.

Un dato que siempre me ha fascinado: la pluma de Oca y el tintero de cristal con la forma de una rana.

 
At 7/16/2006 9:55 p. m., Blogger Ludmilla 1789 said...

Esa correspondencia es fascinante, no he podido leerla completa pero sí unos cuantos fragmentos.
Sí, algo así debió ser el tiempo de escritura de La orgía, allá por la década del 70.
Soy flaubertiana a muerte, y también hincha de Vargas Llosa pero veo que me faltan datos, o leí sin el detenimiento merecido: ¿qué es eso de la pluma de oca y el tintero de cristal?
Contalo please Rodrigo, para mí y para los parroquianos.

 
At 7/17/2006 12:08 a. m., Blogger P. E. Rodríguez/R.Coll said...

No recuerdo el lugar exactamente, pero en La Orgía... Vargas Llosa se detiene una buen rato a contar cómo era el estudio de Flaubert, sus hábitos, los objetos del escritorio, en fin, todo un recorrido por el chisme y el sano vouyerismo. Allí es donde cuenta la historia de una pluma de Oca (que, si no recuerdo mal, trajo de ese viaje a Oriente que comentas en tu post) y el tintero de cristal con forma de rana.

A lo mejor es sólo un reflejo tipo groupie (como quien descubre el nombre del perfume de un cantante de rock que le gusta), pero saber esos detalles del viejo Flaubert siempre me resultó fascinante.

Saludos por allá.

 
At 7/18/2006 6:32 a. m., Anonymous Anónimo said...

Que bueno este post. Es un post que me hubiera gustado escribir.

 
At 7/20/2006 6:27 p. m., Blogger Ludmilla 1789 said...

Gracias Ceryle, es de los mejores elogios que una bloguera puede recibir.

Rodrigo, ¡encontré el tintero en forma de rana!
"Un mazo de plumas de oca irrumpe de un recipiente, junto al tintero, que es una rana de cristal."
¡Hasta una piel de oso blanco tenía!
En mi edición está en la pág. 67, capítulo Dos – El hombre pluma – 10. ¿Cuál era el método de trabajo de Flaubert?
Gracias por el dato, a mí se me había pasado de largo.

 
At 7/21/2006 8:48 p. m., Blogger fgiucich said...

Lo bueno y lo malo convive con nosotros. Es cuestiòn de saber còmo dominar los instintos que llevan a la maldad, pero cuàn difìcil resulta a veces. Interesante reflexiòn. Abrazos.

 
At 8/01/2006 10:13 p. m., Blogger Rebecca Milans said...

rana de cristal...como los pisapapeles de colette y hablando de una amante de los gatos, siempre me gustaron los ojos de los gatos, el pelo de los gastos y su aliento fuerte y apestoso. una parte oscura del amor

 

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