El nombre de un corto exquisito
La mano – cortometraje dirigido por Wong Kar-wai
-Dirección: Wong Kar-Wai, Steven Soderbergh y Michelangelo Antonioni.
-Países: Francia, China, USA, Italia y Luxemburgo.
-Año: 2004.
-Interpretación: Gong Li (Hua Yibao), Chang Chen (Xiao Zhang), Tin Fung (Jin), Auntie Luk (Ying), Robert Downey Jr. (Nick Penrose), Alan Arkin (Dr. Pearl), Ele Keats (Mujer), Christopher Buchholz (Christopher), Regina Nenni (Cloe), Luisa Ranieri (Linda).
Resumen
Eros son tres cortometrajes realizados por tres magníficos directores, con el nexo común del erotismo, la sensualidad y el amor. Il filo pericoloso delle cose, del italiano Michelangelo Antonioni, se ubica en la Toscana actual, donde una pareja se enfrenta a la pérdida de magia de su matrimonio. En Equilibrium, del estadounidense Steven Soderbergh, un ejecutivo estresado en la Nueva York de 1955 tiene recurrentes sueños eróticos de una mujer misteriosa. Y The Hand, del chino Wong Kar-Wai, se ambienta en el Hong Kong de 1963 para narrar el amor secreto de un joven sastre hacia la seductora Srta. Hua (Gong Li).

La esperé hasta que estuvo en cartel. La propuesta seducía: tres cortometrajes que tenían en común el tema del erotismo. Cierto, como dicen por ahí, el amor vende. Pero además, el amor llega y hacerlo llegar con altura no es fácil. Mi gran atracción era el corto de Wong Kar-wai. Después de haber visto Happy Together (1997) y sobre todo Con ánimo de amar (2000)* quedé fascinada con este realizador chino, decidida a no perderme nada de él que pudiera llegar a mis ojos y oídos, a riesgo de que alguna vez este señor pudiera errarle.
Quedé de encontrarme con una amiga en la puerta del cine. Fue este martes, hacía un frío fenomenal. Es una antigua sala del centro de la ciudad que ha sido remodelada hace unos años. Tuvimos tiempo de conversar un rato antes de entrar. Intercambiamos libros y cds. Yo le entregué Cássia Eller - Acústico y recibí la banda sonora de Con ánimo de amar. Decidí que tenía que pasar al baño antes de entrar, tenía que evitar a toda costa la ansiedad y desconcentración que me podían provocar las ganas de hacer pis durante el film. Fuimos las dos, esa vieja costumbre que tenemos las mujeres de ir al baño de a dos y que provoca tanto desconcierto a los hombres. Me sentí protagonizando una vieja película que narrara un episodio de Sherlock Holmes. Porque la entrada al baño se limitaba a un deslustrado cartelito dorado que rezaba Damas, camuflado en una superficie inconmensurable de listones de madera; eran decenas de metros a lo ancho y a lo largo. No había una puerta bien delimitada, había que adivinarla a tientas, todo era parte visualmente indivisible de ese lambriz gigantesco. A mi hija le hubiera encantado; era como meterse en un pasadizo secreto, como esas bibliotecas en las que se gira un libro y aparece otra habitación. En fin, pintoresco. Pintoresco fue también poder pagar mi entrada con monedas de cinco pesos, una pequeña gran alegría.
El primer segmento que se presenta es el de Antonioni. Por respeto, me abstengo de hacer comentarios al respecto.
Quedé de encontrarme con una amiga en la puerta del cine. Fue este martes, hacía un frío fenomenal. Es una antigua sala del centro de la ciudad que ha sido remodelada hace unos años. Tuvimos tiempo de conversar un rato antes de entrar. Intercambiamos libros y cds. Yo le entregué Cássia Eller - Acústico y recibí la banda sonora de Con ánimo de amar. Decidí que tenía que pasar al baño antes de entrar, tenía que evitar a toda costa la ansiedad y desconcentración que me podían provocar las ganas de hacer pis durante el film. Fuimos las dos, esa vieja costumbre que tenemos las mujeres de ir al baño de a dos y que provoca tanto desconcierto a los hombres. Me sentí protagonizando una vieja película que narrara un episodio de Sherlock Holmes. Porque la entrada al baño se limitaba a un deslustrado cartelito dorado que rezaba Damas, camuflado en una superficie inconmensurable de listones de madera; eran decenas de metros a lo ancho y a lo largo. No había una puerta bien delimitada, había que adivinarla a tientas, todo era parte visualmente indivisible de ese lambriz gigantesco. A mi hija le hubiera encantado; era como meterse en un pasadizo secreto, como esas bibliotecas en las que se gira un libro y aparece otra habitación. En fin, pintoresco. Pintoresco fue también poder pagar mi entrada con monedas de cinco pesos, una pequeña gran alegría.
El primer segmento que se presenta es el de Antonioni. Por respeto, me abstengo de hacer comentarios al respecto.
El segundo es el de Soderbergh. No me convenció pero tiene aciertos y dos formidables actuaciones: Robert Downey Jr y Alan
Arkin. El tercer episodio, La mano, dirigido por Wong Kar-wai, no admite comparaciones con los otros dos en términos de calidad. No sólo valió el frío que pasé en el cine; de haber sabido cómo iba a ser hubiera sido capaz de verlo aunque lo hubieran proyectado a la intemperie en una noche cruda de otoño como la del otro día. Y no exagero.
Pocas veces en mi vida he visto algo tan exquisito. Es como un vino tinto especial, con cuerpo y con historia, que se descorcha y una vez que se probó ya no se puede olvidar. Me voy en adjetivos para describir este episodio: refinado, sutil, sensible, elocuente. Acaso lo que más me impactó cuando llegaron los créditos fue la intensidad de la historia.
El argumento no tiene nada de extraordinario: un aprendiz de sastre se enamora de una prostituta, él le hace ropa a ella. Las actuaciones son excelentes y todo exhala belleza aun en la sordidez y la adversidad.
Me enteré que este director hongkonés encomienda la fotografía a un australiano, Christopher Doyle. Una opción acertada, el resultado es fantástico. Que sus rodajes llevan tiempo porque suele trabajar prácticamente sin guión, apoyándose en las actuaciones y haciendo cambios sobre la marcha. Tiempo bien invertido.
Confieso que los vestidos que le hace este joven enamorado a la Srta. Hua (muy al estilo de los que aparecen en Con ánimo de amar) despertaron mi más pura envidia, y estoy segura de que no fui la única. Son hermosos. Verdaderas obras de arte.
Se contemplan todos los sentidos, en especial el tacto. Unas telas increíbles extendidas en el recinto asfixiante del taller de sastrería, las pruebas de los vestidos que le hace el sastre a esta mujer; las texturas hablan.
Pienso que Wong Kar-wai (Shangai, 1958) fue el que más respetó la consigna del erotismo a la hora de realizar el corto. Es pura insinuación. Lo que seduce es lo que no aparece en primer plano y que sin embargo conforma un mega universo en sí mismo.
Salí del cine extasiada con esta historia de amor y desamor. Me fui a tomar algo con mi amiga, hablamos de la película y de otros tantos miles de temas. En casa no he dejado de escuchar la banda sonora de Con ánimo de amar, una manera de revivir esta experiencia estética. Tiene hasta boleros de Nat King Cole: Quizás, quizás, quizás... Me encanta aunque por momentos los agudos del idioma chino se me hacen un poco estridentes. Necesito un poco de... digamos Mark Knopfler cantando Money for nothing.
* En inglés In the Mood for Love. También se comercializó como Deseando amar.
Etiquetas: Cinerama